Algus

Cuando desperté, la web todavía estaba allí

old-pc.jpg

Cuando tenía alrededor de 9 años, un vecino me invitó a su casa para enseñarme un televisor que funcionaba conectado a una máquina de escribir y un pequeño aparato con dos botones, y una pequeña bola, que se usaba desplazándose en el mundo real para mover una flecha dentro de un universo que no podíamos tocar con nuestras propias manos.

Prender aquella desconocida máquina conllevaba el conectar varios cables a la corriente de luz y observar una pantalla negra con letras blancas en un idioma que no entendíamos. Y así, Windows nos invitaba a mirar tras esa ventana y sumergirnos en una nueva aventura.

Para nosotros era momento de jugar “Space Cadet” una y otra vez. Abrir Paint y dibujar cualquier cosa que nuestras mentes pudieran imaginar. Pero todo cambiaba cuando, gracias a unos cuantos clics en los lugares correctos, un sonido un tanto peculiar, nos saludaba.

Pshhhkkkkkkrrrrk akingkakingkaking tshchchchchchchchcch *ding*ding*ding*

Aquel saludo robótico, fuera de este mundo, nos abría las puertas a este extraño lugar que nadie sabía cómo funcionaba, que muchos curiosos llegaban por diferentes razones. Exploradores de lo desconocido, entusiastas por descubrir otros mundos.

Nos volvimos surfistas de la red, de la world wide web.

La web, una ventana hacia la creatividad, un espacio tan enorme gracias a su facilidad de expandirse cada segundo, un lugar en el que algunas personas comenzaron a darle color y dieron un toque personal a sus creaciones.

Mi pasión comenzó a fluir con cada clic que daba, con cada página nueva a la que éramos dirigidos por medio de enlaces y logotipos pequeños llamados “banners”. Sitios que eran optimizados para el navegador de Netscape y algunos otros llenos de gifs animados para indicar que había nuevo contenido.

Con el paso del tiempo pude crear mi primer página web para compartir mi espacio, uno donde podría escribir sobre anime, series de TV, películas, música y videojuegos. Mi página no fue descubierta por muchas personas, pero era muy divertido poder acceder a ella y personalizarla.

Mucho tiempo antes de que existiera Facebook, la gente tenía interacción en foros o chats, conociendo gente de todas partes del mundo. Yo me adentre en esa aventura y creé una página con el nombre de “Anime Survivor”, un lugar de noticias y un foro con el que conocí a muy buenos amigos con los que aún tengo contacto.

La web nos abrió las puertas a una diferente interacción humana, una que otra tecnología no podía ofrecer. Le debemos esto a Tim Berners-Lee, quien en marzo de 1989 compartió su visión sobre cómo una red de información podría existir. Fue así como nació el lenguaje HTML, el lenguaje en el que está escrito la web.

Hoy en día, la web ha evolucionado enormemente. La usamos para consultar noticias en tiempo real, para nuestros trabajos, como interfaz de potentes máquinas y como cualquier forma de creación de contenido.

Pero la web ya no es la misma de antes. La llegada de las redes sociales cambió el ecosistema de una manera que nadie había previsto. La gente los utiliza como su principal medio para consumir contenido.

La mayor parte de la humanidad adoptó el sedentarismo con las redes sociales. Y así como la computadora personal revolucionó la forma en cómo viviríamos, todo parece indicar que las redes sociales buscan (o ya lograron) hacer lo mismo.

Con esto no quiero decir que las redes sociales sean un malestar en la web. Estas plataformas han servido para encontrar familiares perdidos, conectar con conocidos y desconocidos, para crear movimientos extraordinarios y facilitar una conexión entre las personas.

Así como el bien que han hecho, también han sido un gran problema para la salud mental de toda una nueva generación. Quizá algún día aprendamos cómo usar las redes sociales, y quizá algún día ellas aprendan cómo tratarnos.

La web es hermosa y cada día evoluciona.

Y aquí estamos,
navegando en esta inmensa red de información.